Comprender y sanar nuestro cuerpo ¿Qué relación existe entre alimentación, salud y enfermedad?

Por Atilio Vera Fuentes
para Revista Digital Yoga y Cristianismo
Séptima Edición

Consideramos que nunca fue tan importante como hoy dar el conocimiento adecuado sobre los principios que rigen la salud. Nuestro objetivo es que sea útil tanto para padres e hijos, jóvenes y adultos, sanos y enfermos, hogares y escuelas, es decir que a todos nos sirva como un manual de instrucciones que nos guíe por el camino de la salud.

En estos días casi todas las enfermedades tienen su origen en una alimentación inadecuada y una deficiente función digestiva. El normal desempeño de las funciones de nutrición y eliminación es básico para regular las actividades de todo el cuerpo, en tanto que si la nutrición no es buena o la eliminación es defectuosa, con retención de materias extrañas en el cuerpo, entonces tendremos la primera gran causa que altera la salud y enferma al individuo.

La alimentación sana es una herramienta muy poderosa ya que nos permite potenciar la salud como así también tratar y recuperar toda clase de enfermedades. Por ello la prescripción de una alimentación sana es un acto médico terapéutico al igual que la prescripción medicamentosa. Podemos afirmar entonces que la salud empieza en la cocina.

La alimentación sana

Es indiscutible que la alimentación es uno de los principales determinantes de la salud y la vida; sin embargo, no sólo depende de la alimentación (lo que comemos) sino también de una correcta digestión, es decir cómo los alimentos ingeridos se transforman en nutrientes para un correcto funcionamiento celular. De ahí la importancia de una buena digestión que nos proporciona lo que no se consigue en ninguna farmacia del mundo, que no se compra, no se vende ni se regala, y que es la sangre pura. Los factores que determinan una buena digestión son: calidad del alimento, temperatura del aparato digestivo y control nervioso; lo importante es comprender cómo actúan estos factores para así poder controlarlos, recordando que no existe persona sana con mala digestión y persona enferma con buena digestión.

¿Qué es un alimento sano?

Llamamos alimento a toda sustancia capaz de reponer las pérdidas de materia y energía del organismo y de proporcionarle lo necesario para seguir funcionando normalmente.
El alimento ideal, destinado a la construcción del cuerpo, es aquel que proviene de la naturaleza, es intrínsecamente sano (no tiene agregados químicos), se consume crudo en su estado natural, es de fácil digestión y refrescante para el tubo digestivo (a diferencia de los alimentos cocinados que son “afiebrantes” ya que exigen laboriosa digestión).

¿Qué debemos comer?

El alimento natural no es necesario cazarlo, matarlo, pescarlo ni cocinarlo, sólo basta recogerlo del maravilloso laboratorio de la naturaleza que nos lo entrega con todos los nutrientes bien proporcionados y combinados que nuestro organismo necesita para su perfecto desarrollo.
Todas estas cualidades las encontramos en las frutas frescas o secas, en las verduras, en los cereales, legumbres y en las oleaginosas (combinadas y preparadas de la manera más sencilla) que en conjunto brindan una alimentación sana, sabrosa y completa.

¿Cuánto debemos comer?

La cantidad que satisfaga el hambre natural y deje el estómago liviano, ya que el exceso de comida impide el correcto proceso de digestión. Cuando recargamos al organismo con alimentos (sean sanos o no), afluye al estómago una cantidad excesiva de sangre (fiebre interna) e impone una pesada carga a los órganos digestivos, por lo que cuando estos han cumplido su tarea, queda un agotamiento energético que se experimenta con decaimiento, somnolencia y aversión para todo trabajo físico y/o mental. Es decir, al imponerle tanta carga y no darle un correcto descanso, es frecuente que los órganos digestivos estén congestionados, lo que contribuye a su mal funcionamiento. Es preferible comer menos y digerir mejor que comer mucho e indigestarse.

¿Cuándo debemos comer?

Cuando tenemos hambre, nunca sin ella. ¿Y qué significa tener hambre? Es la demanda de nutrientes que debemos administrar a través del acto de comer, quedando claro entonces que el mayor propósito por el cual comemos es brindarle al organismo todo lo que necesita para la vida.
El apetito es el mayor estimulante de la secreción de los jugos gástricos; si no hay hambre, es porque el estómago no está en condiciones de digerir bien, entonces la digestión se dificulta y la comida cae pesada. Nunca debería ingerirse una nueva comida hasta tanto el estómago haya terminado de digerir la comida anterior (proceso que dura unas 3 horas para el alimento cocido) y además haya tenido tiempo de descansar de su trabajo. La sensación de languidez que muchas veces experimentamos, se debe a que los órganos digestivos han sido recargados severamente durante el día con alimentos perjudiciales, ingeridos con demasiada frecuencia y en excesiva cantidad. Todo alimento, por bueno que sea, comido en exceso fomenta putrefacciones intestinales, por lo tanto impurifica la sangre.

¿Cómo debemos comer?

Con el objeto de tener una buena digestión, debemos comer despacio, ensalivar los alimentos, masticarlos completamente y deglutir con tranquilidad. Recordemos que el estómago no tiene dientes, es decir, no está preparado para recibir alimentos enteros, especialmente si son duros. De ahí la importancia de que el alimento permanezca el mayor tiempo posible en la boca, ya que durante la masticación se activan las glándulas salivales y se facilita así el ablandamiento y trituración del alimento. Incluso las frutas, los jugos de frutas y otras bebidas hay que ensalivarlas para facilitar su digestión.

Control nervioso

Como sabemos, las funciones del aparato digestivo se encuentran bajo control del sistema nervioso. Y cuando éste último se altera, sea por emociones, preocupaciones, pasiones, irritaciones o se debilita por la toxicidad de medicamentos y drogas, se pierde el control, y el aparato digestivo ya no puede cumplir adecuadamente sus funciones normales. Esta es la principal causa de la atonía intestinal, estreñimiento, etc. Cabe agregar que al comer y digerir se requiere energía; por lo tanto, las preocupaciones como el trabajo mental durante las comidas desvían dicha energía y alteran la digestión.

La temperatura del aparato digestivo

La digestión solo puede ser sana si existe en el aparato digestivo la temperatura uniforme y constante de 37 °C. Obedeciendo a una ley física que a mayor trabajo mayor calor, cuando se ingieren alimentos antinaturales de difícil digestión (carnes, encurtidos, especias, frituras, pastas, masas, dulces, etc.), ello implica una carga excesiva para el sistema digestivo, y al forzarlo en su trabajo se congestiona y se afiebra. No se debe intentar refrescar con alimentos refrigerados, porque ellos afiebran aún más debido a la reacción de calor que despierta el frío; tampoco con alimentos calientes, porque son irritantes. Solamente el alimento natural, como las frutas, verduras y las semillas de árboles, refrescan y descongestionan las entrañas, ya que son de fácil digestión y no producen ningún esfuerzo excesivo.

Conclusión: Volver al orden natural

De todo lo hablado, dos conceptos son dignos de resaltar:

  1. La razón por la cual comemos: “Hay que comer para vivir y no vivir para comer”.

  2. ¿Dónde debemos poner el mayor énfasis?: “Más importante es apuntar a la buena calidad y no a la cantidad”.

La salud está regida por leyes naturales y es evidente que solo puede conservarse si las obedecemos rigurosamente. Respecto a la alimentación, el hombre moderno se ha alejado completamente de dichas leyes; entonces es momento de elevar nuestro nivel de conciencia y convencerse de que la salud jamás se encontrará en una píldora, inyección, antibiótico o droga, sino que todo ser humano que ambicione la salud integral debe transitar por el camino de lo natural y emprender un retorno hacia una alimentación sana, fisiológica y viva.