Los parásitos -Inevitables compañeros de ruta- El abordaje desparasitante

Por Atilio Vera Fuentes
Décimosegunda Edición

Debemos saber que es imposible concebir un organismo sin parásitos y que estamos biológicamente destinados a compartir la vida con ellos, ya que es imposible sustraerse a sus eficientes cadenas reproductivas y a su permanente incorporación a través de los alimentos, el agua y el aire.

Si bien los mayores estudios se centran en los parásitos intestinales, se sabe que los parásitos invaden todo el cuerpo (hígado, páncreas, próstata, entre otros), incluso zonas consideradas seguras como el cerebro. Tampoco los parásitos discriminan edades o clases sociales.

Muchos suponen que los parásitos son cosas de chicos y que luego desaparecen solos, o que son patrimonio de la gente de bajos recursos o zonas marginales, y no es así, ya que todos los tenemos y los tendremos; la diferencia está dada por las cantidades, las especies y la antigüedad de infestación.

Los nutrimos al consumir abundantes alimentos que los desarrollan (lácteos, azúcares, harinas), les facilitamos el alojamiento al generar una mucosa intestinal permeable que permite su difusión en todo el organismo por medio de los fluidos (sangre, linfa), les creamos el ambiente anaeróbico (carente de oxígeno), ácido y de baja vibración y, finalmente, la inacción de nuestra policía corporal (sistema inmunológico) les brinda una zona liberada para que se desarrollen sin interferencias.

Es por ello que son los grandes contribuyentes del ensuciamiento corporal, que es la verdadera causa profunda de nuestros problemas de salud.

En cuanto a los signos y síntomas de parasitosis podemos resaltar, por ejemplo, los siguientes:

PIEL Y CABELLO: Manchas, granos, acné, irritaciones oculares, asperezas, erupciones, máculas, pápulas, manifestaciones psoriásicas, eccemas, úlceras, uñas quebradizas, caída de cabello, seborrea, caspa, cabellos con falta de vitalidad.

APARATO RESPIRATORIO: Inflamación e infección de amígdalas, sinusitis crónica, sintomatología de tipo asmático, bronquitis alérgicas, crisis de estornudos, picazón, secreción nasal y ocular.

APARATO GINECOLÓGICO: Trastornos menstruales de todo tipo, atrasos en la primera menstruación, menstruaciones dolorosas, flujos crónicos, frigidez y esterilidad relativa dado la alteración de la flora vaginal y su pH.

SISTEMA NERVIOSO CENTRAL: Angustia, irritabilidad, insomnio, inestabilidad emotiva, desgano, depresión, pérdida de memoria y capacidad de concentración, trastornos de conducta.

APARATO URINARIO: Enuresis, prostatitis, cistitis a repetición, infecciones renales, poluciones nocturnas, hematurias, impotencia sexual e incontinencia urinaria.

ÓRGANOS DE LOS SENTIDOS: Alteración de la agudeza visual, conjuntivitis, orzuelos a repetición, eccemas de oídos, otitis crónicas, disminución de la audición.

Dado que son nuestros depredadores naturales, el objetivo razonable es mantenerlos bajo control y es de especial importancia hacer un tratamiento continuo, ya que es la única garantía de limitar su desarrollo a niveles manejables para el sistema inmune y la flora bacteriana.

A veces el comienzo del tratamiento es incómodo, pues se agravan algunos síntomas, pero lejos de alarmar, esto confirma la acción correcta, porque lo que pareciera un agravamiento no es más que el enojo de los bichos, ya que son seres biológicos que buscan sobrevivir e intentan defenderse reaccionando cuando son agredidos con el tratamiento antiparasitario.

El desparasitado es un trabajo periódico y permanente, y recomendamos abordar el tema desde distintos ámbitos contemporáneamente, como por ejemplo los alimentos, los extractos vegetales, el propóleo, entre otros.

Resumiendo, podemos comenzar con una serie de gotas de propóleo, luego una serie de tinturas vegetales de suico y altamisa, después gotas de plata coloidal, después otra serie de tinturas vegetales de genciana y eucaliptus, otra de propóleo, luego tónico herbario que posee cuatro hierbas: bardana, acedera, olmo y ruibarbo; y así sucesivamente.

Siempre se debe realizar un purgado depurativo al final de cada serie de tomas con hojas de aloe, mezcla purgante (combinación equilibrada de yerba de pollo, retamilla, sen y zaragatona) o hidroterapias colónicas.

Es importante evitar la represión de eventuales síntomas que pueden aparecer como, por ejemplo, fiebre, congestión de vías respiratorias, estado gripal, migrañas, náuseas, sensaciones depresivas, que podrán manifestarse de acuerdo a la intensidad de la parasitosis que tenga y al abordaje elegido.

En cualquier caso, serán siempre señal de un acertado efecto sobre los parásitos y de la correspondiente mortandad generada. Hay que comprender que se trata de un proceso de mediano y largo plazo, que requiere paciencia y constancia si pretendemos resultados liberadores.

También es importante poseer una buena “despensa antiparasitaria” para combatir parásitos con recursos caseros, debiendo intensificar el consumo de alimentos con reconocido efecto antiparasitario: semillas de zapallo, ajo, cebolla, zanahoria, granada, aceitunas y aceite de oliva, papaya, apio, hinojo, hojas verdes y, sobre todo, miembros de la familia de las crucíferas: achicoria, alcaucil, berenjenas, berro, brócoli, coliflor, diente de león, escarola, espárrago, rúcula, repollitos de Bruselas, lechuga, nabo, ortiga, perejil, pimiento, rabanito, repollo, etc.

Otros grandes aliados antiparasitarios bien aceptados son los condimentos, que desde tiempos inmemoriales la humanidad utilizó para controlar la parasitosis, mereciendo destacarse la cúrcuma, la pimienta, el estragón, el tomillo, la canela, el pimentón y la pimienta de cayena.

En materia de hierbas podemos citar, entre otras: altamisa, artemisa, acedera, ajenjo, bardana, carqueja, paico, suico, uña de gato, genciana, ruda, diente de león, poleo.

El uso de las hierbas es recomendable en la medida que se respeten las dosificaciones y la continuidad en el tratamiento, y ello es esencial para cortar los ciclos reproductivos, ya que los parásitos mueren, pero quedan los huevos que inician el proceso vital.

Dado que la temática de los parásitos es vasta, poco investigada y, sobre todo, no relacionada con nuestros modernos desequilibrios (mucosa permeable, debilidad inmunológica, agotamiento hepático, desorden alimentario, etc.), el lector deberá ir aprendiendo, experimentando y alternando distintas opciones.

Para ello deberá tener presente que el alimento moderno no es fisiológico y no se digiere correctamente, genera excesos y carencias nutricionales, consume energía y no proporciona vitalidad, es adictivo y difícil de dejar, genera mucha toxemia y ensuciamiento crónico.

Es por ello que debemos descartar de nuestra ingesta diaria aquellos alimentos ensuciantes como son: azúcar blanca, jarabe de maíz de alta fructuosa, harina blanca, arroz blanco, aceites refinados, sal refinada, gaseosas, panificados, copos de cereales, golosinas, productos dietéticos, margarinas (aceites vegetales hidrogenados) y los numerosos productos masivos que los contienen, como helados, lácteos, golosinas, papas fritas, soja en forma de porotos, harinas, texturizados, jugos, edulcorantes, conservantes y aditivos sintéticos, productos animales de cría industrial (feedlot, estabulación, piscicultura en piletas, pollos de jaula), tabaco, alcohol, fármacos como, por ejemplo, antibióticos, antiácidos, antiinflamatorios, analgésicos, etc.

Entendemos que la base para organizar una alimentación fisiológica y saludable pasa por la correcta organización de nuestra despensa alimentaria, resultando importante tener buena existencia de aquellos alimentos que debemos consumir diariamente.

Los tres grupos esenciales y prioritarios deben ser las frutas, las hortalizas y las semillas.

En materia de frutas podemos citar: ananá (piña), arándano, banana, caqui, cereza, ciruela, coco, damasco, dátil, durazno, frambuesa, frutilla, granada, higo, kiwi, lima, limón, mandarina, manzana, mango, melón, membrillo, mora, naranja, papaya, pera, pomelo, uva, sandía.

En cuanto a hortalizas: aceituna, acelga, achicoria, ajo, apio, berenjena, berro, brócoli, cebolla, coliflor, diente de león, endibia, escarola, espinaca, hinojo, lechuga, nabo, ortiga, palta, pepino, perejil, pimiento, puerro, rabanito, remolacha, repollo, rúcula, tomate, zapallito, zapallo.

Respecto de las semillas, debemos tener presente que debemos consumirlas activadas (es decir, remojadas durante la noche), y nos referimos a almendra, chía, cajú, coco, girasol, lino, maní, nueces, pistacho, sésamo.

Otras requieren germinación como, por ejemplo, alfalfa, amaranto, fenogreco, lenteja, quínoa.

Si privilegiamos estos grupos de alimentos, totalmente fisiológicos, estaremos garantizando el vitalizante y depurativo aporte nutricional, energético, enzimático y protector del organismo; y lo más importante que debemos tener en cuenta: ninguno de ellos nos va a ensuciar y a generar parasitosis.

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