Atilio Vera Fuentes Médico Homeópata
María Verónica Vargas García, Licenciada en Nutrición y Dietética
para Revista Digital Yoga y Cristianismo
Décimosexta Edición
En 1890, Richard Altmann descubrió la mitocondria, inicialmente llamada bioblasto, nombre que luego cambió a mitocondria. Etimológicamente, mitocondria significa “hilos de cartílago granulado” (mitos = hilos, khondros = gránulo). Son organelos diminutos presentes en cada célula humana; un promedio de 500 mitocondrias por célula, y hasta 3,000 en células altamente activas como neuronas o células cardíacas. La mitocondria funciona como un sensor del medio ambiente interno y externo, adaptándose a factores como clima, altura y alimentación.
La evolución biológica no solo se explica por la selección natural de Darwin, sino también por la producción de energía y la adaptabilidad del ADN. Se ha descubierto que muchas enfermedades modernas comparten una raíz común: la carencia en la producción de energía celular. La mitocondria es el motor fundamental de la vida celular, ya que en ella ocurren reacciones de combustión y producción energética. Un buen funcionamiento mitocondrial conduce a una revitalización sorprendente, mientras que su daño provoca enfermedades severas.
El daño mitocondrial no es raro, sino la causa común detrás de enfermedades actuales como Alzheimer, autismo, fatiga crónica, cáncer, diabetes, obesidad, enfermedades neurodegenerativas, cardiovasculares y autoinmunes. Estas enfermedades no se deben solo a la genética heredada, sino principalmente a factores epigenéticos que alteran la función mitocondrial, influenciados por factores socioambientales. Reparar el daño mitocondrial es clave para detener o revertir enfermedades consideradas incurables. Las mitocondrias suministran energía celular y almacenan sustancias vitales para la vida.