Por Atilio Vera Fuentes
para Revista Digital Yoga y Cristianismo
Décimotercera Edición
Si bien la diabetes ha alcanzado niveles de pandemia a nivel mundial, la misma es curable a pesar de lo que dice la medicina alopática de que la diabetes tipo-1 y tipo-2 son incurables. Desde hace muchos años es conocido entre la comunidad del naturismo y de la alimentación viva que la diabetes es curable. La cura, en el sentido más profundo del término, consiste en alejarse de la “Educación de la Muerte” global para adoptar una “Educación de la Vida”.
La primera de ellas consiste en comprender que vivimos en un medio ambiente degradado donde el aire, la tierra y el agua están contaminados con tóxicos químicos, metales pesados y agroquímicos; que padecemos de un ambiente mental y emocional saturado de mensajes de muerte y angustia y que se practica un estilo de vida y dieta perniciosa; mientras que la segunda consiste en elegir una forma de vida que promueva el bienestar y la vida tanto para uno mismo como para el planeta y seguir un estilo de vida y una elección de una dieta que sea sana, orgánica, vegana, con al menos el 80% de comidas con vida, rica en minerales, con 15 o 20% de grasas vegetales, alto contenido de fibras, con bajo índice glucémico y de insulina, bien hidratada, individualizada y en porciones prudentes.
Es necesario comprender que todas las personas tenemos el derecho y el deber de acceder a una alimentación saludable y orgánica, al agua potable, a una vivienda digna y a un medio ambiente libre de polución y sustancias tóxicas. Curar la diabetes en este contexto global e individual es un acto de amor hacia uno mismo y hacia el planeta. Este amor es la expresión de la “Educación de la Vida”.
Entre los factores de riesgo asociados a la Educación de la Muerte que comprenden los hábitos personales, elecciones y enfermedades que predisponen la diabetes son principalmente los siguientes:
La inactividad, principalmente mirar televisión y dependencia al teléfono celular.
Sobrepeso y obesidad que incluye el hábito de comer alimentos procesados, industrializados, cocinados, pasteurizados e irradiados, alimentos con altos índices glucémicos y de insulina, dietas bajas en fibras, consumo de carnes, grasas, alimentos afectados por tóxicos ambientales, como los que se encuentran en el pescado.
Consumo de lácteos.
Colesterol en la sangre.
Un estilo de vida con mucho estrés e hipertensión.
Candidiasis.
Depresión.
Beber agua contaminada con metales pesados.
Vacunaciones.
Café y otras bebidas con cafeína.
Tabaquismo.
Debemos tener presente que los alimentos que integran la Educación de la Muerte son productos animales de cría industrial: carne (de res, cerdo, cordero, pollo, pavo, atún y toda clase de pescados); productos lácteos (leche, crema, manteca, margarina, grasa vegetal y de cerdo, quesos grasos, yogurt, queso cremoso o de untar, helado, crema de leche, barra de chocolate); granos (arroz blanco, trigo integral, tortas y pasteles, pan blanco o integral, cereales comerciales); verduras cocidas y procesadas (comidas instantáneas, verduras congeladas, enlatadas, fritas, hervidas, saladas y horneadas); frutas enlatadas y endulzadas, secas y sulfuradas; bebidas (agua corriente clorada y fluorada, jugos de frutas pasteurizados, gaseosas, bebidas alcohólicas, café); endulzantes (azúcar blanca, azúcar rubia, melaza, jarabe de maíz, jarabe de arce, dextrosa, sacarosa, fructuosa, aspartamo, manitol, sacarina, sorbitol); aceites (aceites vegetales hidrogenados), sal (sal de mesa yodada y refinada).
Adoptar una Educación para la Vida significa elegir consumir lo siguiente: alimentos vegetales ricos en proteínas (frutos secos, semillas, superalimentos como son las algasnori, kelp, chlorella, espirulina, mezcla de superalimentos verdes, cáñamo, maca, porotos, lino); leche de semillas y frutos secos; aceite de coco, aceites de primera presión en frío, manteca de cacao; quesos de semillas y/o frutos secos; yogurt de nueces, crema de coco natural o fermentada, leches cultivadas de frutos secos o semillas con probióticos; queso cremoso o de untar en base a frutos secos y/o semillas; helados en base a frutos secos, crema de coco, chocolate crudo hecho con manteca de cacao; amaranto, mijo, quinua, alpiste, trigo sarraceno; tortas de chocolate vivo, pastel de zanahoria, pastel de queso vivo; galletas de lino, galletas y panes de semillas y frutos secos; copos de trigo sarraceno, granola viva; frutos secos y semillas crudos sin cocinar y sus mantecas, semillas de lino, almendras, nueces, semillas de sésamo, semillas de chía, semillas de zapallo, semillas de girasol; verduras frescas, ensaladas, sopas, alimentos deshidratados; frutas frescas, con bajo contenido glicémico, frutas deshidratadas o secadas al sol; agua filtrada, purificada; jugos frescos, jugos verdes de verdura; tés de hierbas sin cafeína y jugos de verduras frescas; stevia, algarroba, semillas de chía, cardamomo; aceites orgánicos prensados en frío de coco, chía, uva, lino, cáñamo, sésamo, almendras, girasol, palta, oliva; sal de cristales de Himalaya, sal de montaña o de mar sin procesar.
También debemos tener presente la existencia de alimentos anti diabetógenos especiales como son: el tupinambo o papa de Jerusalén, repollo, arándanos, melón amargo, pepino, apio, cactus de nopal, ajo, cebolla, granos y legumbres (mijo, arroz integral, avena, trigo sarraceno, amaranto, porotos verdes, garbanzos, chauchas), frutos secos, semillas, cúrcuma, fenogreco, canela, pimienta de cayena, perejil, banaba, shilajit, ginkgo biloba, ginseng americano, ruda cabruna, cardo mariano.
Entre los hábitos cotidianos se debe integrar:
a) Hacer regularmente ejercicio físico, saltar sobre una cama elástica durante 15 minutos al día, cuatro o cinco veces por semana, caminatas rápidas y nadar, todo lo cual apunta al fortalecimiento de los músculos ya que ellos son responsables del 80% de la absorción del azúcar proveniente de los alimentos, meditación, oración y yoga;
b) Ayunar con jugos verdes para limpiar, alcalinizar, rehidratar, reconstruir y reajustar;
c) Compra de un equipo de calidad apto para la cocina de alimentos con vida consistente en un cuchillo de acero con alto contenido de carbono o cuchillo de cerámica, licuadora de alta velocidad, juguera que mastica los ingredientes a bajas velocidades y por lo tanto preservan las cualidades saludables de los jugos, procesadora, deshidratador, molinillo de café y de especias, cortador en espiral, mandolina;
d) Descartar el microondas;
e) Remojar y germinar frutos secos, semillas y granos.
El elaborar y consumir los alimentos de la Educación de la Vida es una aventura culinaria que lo llevará a un mundo de salud, vitalidad y sabores deliciosos. Cuando alimentamos el cuerpo físico, emocional y espiritual con alimentos reconfortantes se produce, a través de distintas vías, el equilibrio y la armonía.
Debemos saber que la diabetes es una pandemia producida por un estilo de vida de la Educación de la Muerte y las estadísticas sobre ello son contundentes. Según las proyecciones de la OMS (Organización Mundial de la Salud) sobre los años de vida perdidos por persona debido a las muertes por diabetes, podemos calcular que 25 millones de años de vida humana se pierden anualmente como resultado de las complicaciones asociadas a la diabetes. El impacto económico de la diabetes es considerable y los presupuestos gubernamentales deberán enfrentar la inmensa presión que la atención de la diabetes ejercerá sobre las pensiones, los subsidios por discapacidad, los seguros de salud y la recaudación de impuestos. La diabetes también tiene un impacto negativo sobre las condiciones de salud generales y las capacidades laborales de las personas debiendo tenerse muy presente que, si realmente siguiéramos una dieta preventiva, se podrían ahorrar cientos de miles de millones en costos directos e indirectos.
Sabido es que la diabetes es una pandemia producida por el estilo de vida de la Educación de la Muerte y las estadísticas al respecto son contundentes considerando que está en juego nada menos que la salud de nuestras sociedades. Lo fundamental es fomentar la transición, a nivel mundial, hacia la Educación de la Vida, comenzando por un cambio personal y conformando hábitos de vida saludables que tengan como resultado un cuerpo sano.
Revertir la diabetes requiere un comportamiento prudente y sostenido en casa, y el desafío inmediato es establecer una fisiología que no siga pidiendo los alimentos de la vieja educación que produjo la enfermedad, y es importante darle a la mente tiempo para adaptarse a la nueva dieta rica en nutrientes de alimentos de origen vegetal siendo progresivamente cada vez más consciente sobre la manera en que la Educación de la Vida tiñe todos los aspectos de su nueva existencia.
La historia de las dietas de alimentos de origen vegetal, de la abstención de la ingesta de carne, de los ayunos con jugos verdes y del uso de hierbas para la curación, posiblemente se remonta incluso más atrás de la historia escrita. Hipócrates, el padre de la medicina (460-357 A.C.) dijo: “¿Cómo podrán entender las enfermedades de los hombres aquel que no tiene conocimiento de los alimentos?”.
Es por ello que se debe tomar conciencia que la cocina de la Educación de la Vida no es una moda pasajera y que se debe abogar por una dieta exclusiva de vegetales sustentable en el tiempo, dado que hay argumentos científicos que respaldan una dieta vegana de “alimentos con vida” que van a permitir que uno pueda alcanzar una fisiología y un estilo de vida sana que supere todo lo que podría haberse imaginado. Este pasaje es una revolución interior, un cambio de mentalidad, que va de la privación a la abundancia.
Para vivir según la Educación de la Vida es necesario una revolución que implique una reorientación interna y externa, porque hemos vivido por tantos años en un entorno alimenticio dañino que nuestras elecciones vitales han enfermado todo nuestro potencial, y es por ello que debemos buscar una buena salud saliendo de los restaurantes modernos y de los supermercados y negocios que venden alimentos procesados y adulterados debiendo visitar exclusivamente las huertas, las cooperativas y los mercados de frutas y verduras orgánicas, ya que al comprar los alimentos directamente a los productores nos ponemos en contacto con el origen de la comida.
Comer según la Educación de la Vida implica mucho más que sentirse bien por los alimentos que se consumen, tiene que ver con el impacto que nuestras decisiones alimenticias produce sobre la realidad económica, agrícola, ecológica, política, social y cultural de nuestra comunidad, de nuestra nación, e incluso del mundo.
Vivir la Educación de la Vida es una invitación a un viaje hacia el encuentro con nosotros mismos y con nuestro derecho a una salud vital.
Comprometerse con una dieta exclusiva de alimentos orgánicos de origen vegetal que elimine las causas de la diabetes y la mala salud es un Acto de Amor y Conciencia.